Yacimientos Poco Favorables
Si el nacionalismo económico subyacente en la expropiación de YPF es absolutamente típico de las presidencias kirchneristas desde el año 2003, también lo es la política cotidiana (un corto plazo que ya ha durado casi una década), y la realidad más inmediata es la escasez de nafta durante el fin de semana largo del 1° de Mayo, a pesar del aumento de un 25% en el suministro; y ¿por qué no iba a suceder en un modelo que apunta a elevar la demanda de los consumidores? La euforia patriótica sólo aumentará con la retórica de esta semana en la Cámara Baja, que seguramente consagrará la expropiación en el día de hoy, y persistirá durante un tiempo, pero las complicaciones del fin de semana pasado demuestran que el nuevo régimen de YPF deberá enfrentarse a varios dilemas prácticos más temprano que tarde; por ejemplo, la decisión de continuar con los subsidios que la “sintonía fina” buscaba reducir a comienzos de año por considerarlos insostenibles, o lanzarse a un esquema de precios más rea-listas para reducir el desequilibrio entre la oferta y la demanda, con todos los riesgos políticos que implica.
En octubre pasado, este editorial argumentó que hasta los críticos más implacables de la presidente Cristina Fernández de Kirchner debían considerar seriamente votar por ella porque sólo ella debía tener que lidiar con el desastre que la acusaron de dejar; se podría presentar un argumento similar en el caso de la expropiación de YPF, que los críticos más severos de las políticas energéticas de los últimos nueve años deberían ser los más agradecidos de que el Estado por fin esté asumiendo la responsabilidad total por estas políticas (o casi total, dado que aún ahora, YPF no es pública sino privada, con un socio mayoritario estatal). ¿Y qué veredicto merecen esas políticas? Cuando se restauraron las relaciones diplomáticas entre Gran Bretaña y la Argentina en 1990, la Cancillería les dio a sus diplomáticos una regla práctica: “Nada en Argentina es ni tan bueno ni tan malo como dicen” (y lo sigue siendo, hasta donde sabemos), y las políticas e-nergéticas son un ejemplo de ello. No son tan malas, ya que el país ha seguido andando durante varios años de crecimiento a menudo acelerado, sin el colapso total de la red energética pronosticado hace tanto tiempo por los críticos, y con nada más que apagones esporádicos o bajas de tensión. Sin embargo, apenas hace falta cuestionar la virtud de estas políticas, cuando últimamente ha sido el propio gobierno el primero en deplorar la pérdida de la autosuficiencia energética y el gasto potencial de 11 cifras en la importación de combustible para este año; como reza el refrán, a confesión de parte, relevo de pruebas.
La futura naturaleza híbrida de YPF tal vez eluda las responsabilidades en el sentido estricto de los controles impuestos a las empresas públicas, pero el Estado no podrá evitar asumir la responsabilidad por el petróleo y el gas del país ante los jurados más amplios de la opinión pública y la historia.


















