Saturday
May 25, 2013
Wednesday, May 2, 2012

La clase obrera va al paraíso

El 1° de Mayo de ayer pudo no haber presenciado un tradicional acto de la CGT, mientras que a su secretario general Hugo Moyano le toca enfrentar un gélido invierno, pero esto no significa una década perdida para la clase trabajadora. Al contrario, mientras que el crecimiento brasileño se tradujo en un aburguesamiento masivo (con al menos 40 millones de personas que ingresaron a la clase media en la última década), el crecimiento más acelerado (y mucho más inflacionario) de la Argentina ha sido testigo de una erosión de la clase media y una perpetuación de la pobreza extrema, donde el salario real de los trabajadores sindicalizados fue el principal beneficiario junto con la industria de la exportación. El dinamismo económico de las últimas décadas eclipsó estos cambios sociales fundamentales que no pueden comprenderse sin ello. En la Argentina, el boom global de los mercados emergentes durante la década pasada fue magnificado por una fórmula casi invencible para lograr un crecimiento estadísticamente alto (no necesariamente equivalente al progreso). A la virtual equiparación del crecimiento nominal con el real a través de la negación de la inflación, se agrega la virtual equiparación de la inflación del peso y el dólar local por medio de un tipo de cambio estático, de modo que un PBI de unos 320.000 millones de dólares en 2008 se disparó hasta aproximadamente 600.000 millones de dólares en la actualidad. Si bien la confusión del crecimiento nominal con el real llevó a exagerar las estadísticas oficiales en el pasado, podría estar subestimando el crecimiento más reciente ya que sería imposible de creer (en téminos de dólar, al menos).

El fantástico crecimiento tan fuertemente influenciado por la inflación está transformando la sociología. Durante los últimos años, los aumentos salariales de los agremiados estuvieron por encima de la inflación en alrededor de un 30%, mientras que los salarios jerárquicos y profesionales podían considerarse afortunados si subían en alrededor de un 10%, lo que resultó en un proceso de nivelación masiva. Los trabajadores en general y Moyano en particular podrán quejarse de que los aumentos de este año no necesariamente alcancen la inflación, y de un bajo salario mínimo no imponible (es el Estado el beneficiario principal), pero sus quejas son relativas. Sin embargo, ni el crecimiento ni este proceso de nivelación ha tenido demasiado impacto en la reducción de la pobreza desde 2005: mientras que el desempleo es la tercera parte de lo que fue en sus años pico de 2001-2, la pobreza se redujo sólo a la mitad. El compromiso del gobierno con la inclusión social no sólo es verbal al existir la asignación universal por hijo (que de hecho era un proyecto de ley consensuado en el Congreso que fue usurpado por decreto) y pensiones casi igualmente universales, sin importar los aportes (una idea más propia del gobierno), dos factores que ofrecen alivio para los sectores más pobres, pero estas medidas resultan simplemente inútiles contra la inflación, el peor impuesto a los pobres.

La teoría del derrame tampoco funciona en esta punta del hemisferio: hubo bastante movilidad social en la última década, pero no necesariamente hacia arriba como en Brasil.

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