Poniendo los frenos
Toda ilusión de omnipotencia que podría haber sentido el secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno por la caída de las importaciones a la Argentina en los últimos dos meses debería colocarse en perspectiva junto con la noticia de que las exportaciones de autos a Brasil durante el mes de marzo (un pilar central del “modelo” junto con la soja) han caído más del 25% en comparación con el mismo mes el año anterior. Toda omnipotencia se ve también contrarrestada por el hecho de que la causa principal de esta merma no es tanto la actitud hostil de Moreno, que llega al punto de convertir al Mercosur en una entidad casi disfuncional (en cuyo caso la situación podría ser revertida con un esfuerzo de este recalcitrante funcionario por ser amable y facilitar el ingreso al país de las partes que tanto necesita la industria automotriz) sino la simple realidad de una desaceleración económica en Brasil, con una economía que brega por evitar un estancamiento total en los últimos nueve meses a medida que se enfria el boom frente a una moneda sobrevaluada y un mundo incierto. Todos factores que escapan completamente al control del gobierno, por más que ahora exista la ilusión de que las cifras comerciales puedan remediarse con la anulación del pacto automotriz con México.
Lamentablemente para el “modelo”, no sólo están en riesgo las exportaciones, sino también las retenciones a la exportación que la Argentina impone de manera excepcional sobre algunas de ellas (mientras se queja de la agricultura subsidiada en otros países). El producto insignia de la Argentina, la carne vacuna, está en una situación apremiante a partir de la pérdida de unos 10.000 puestos de trabajo en la industria frigorífica por la caída de las exportaciones (que ha sido durante mucho tiempo el fin deliberado de la política gubernamental con el objetivo de garantizar la oferta para la “mesa de los argentinos” y controlar los precios), que se discute seriamente en el Ministerio de Agricultura la posibilidad de eliminar totalmente las retenciones a la exportación. La misma lógica vale para varios cultivos que están perdiendo una batalla desigual contra la soja, que tiene la buena fortuna de no formar parte de la dieta de los argentinos y así poder gozar de un acceso irrestricto a los mercados de exportación globales. Un mercado interno limitado lleva a una oferta aún más limitada y no a productos más baratos, tal como demuestran tan claramente los precios de la carne vacuna hoy en día.
En la medida en que la solución a estos problemas comerciales permanezca en manos de la Argentina y no en las de un mundo que el gobierno intenta desestimar, resultará como la escasez energética: un sector en el que las importaciones estén siendo aceleradas en vez de postergadas, por todos los medios posibles. Pero los problemas comerciales internacionales nunca van a ser solucionados en forma unilateral, ya que si en algo hacen falta dos para bailar el tango, es sin duda la importación y la exportación.


















