Molienda fina
“Sintonía fina”, frase preferida de la presidente Cristina Fernández de Kirchner, tal vez no sea lo que mejor describa algunas de las nuevas políticas económicas introducidas en su segundo mandato, pero es cierto que el desempeño de la economía este año dependerá de algunos cálculos extremadamente finos. Si bien la ma-yor parte de la atención recaerá inevitablemente sobre la carrera entre salarios y precios, una ecuación un tanto más compleja podría demostrar ser más definitoria: si un enfoque más activo hacia el petróleo y la reducción drástica de los subsidios al transporte y las tarifas de los servicios públicos podrán contrarrestar la cuenta a pagar por la importación de combustible (que ha crecido rápidamente hasta hoy) y las agotadas finanzas de las provincias que están alcanzando niveles de penuria casi helénicos. El nuevo protagonismo del gobierno en el sector petrolero no muestra señal alguna de ceder, ya que promete solucionar más pro-blemas de los que crea; la inclusión de las provincias disminuiría sus déficits a través de las regalías, mientras que habría un margen consi-derable para la ineficacia tan reconocida en las empresas estatales si se logra reducir en alguna medida el gasto de nueve mil millones de dólares registrado el año pasado para la importación de combustible. No es que todas las provincias tengan petróleo, por supuesto; en este sentido, esto no resolvería los problemas de una provincia de Buenos Aires que alberga casi el 40% de la población.
La agricultura es otro factor de esta compleja ecuación luego de la sequía de este verano: ¿los ahorros en subsidios compensarán la pérdida de las retenciones a la exportación, por ejemplo? La cosecha de soja se creyó en más de 50 millones de toneladas, mientras que se esperaba que el maíz alcanzara los 30 millones. Ahora, hasta el Ministerio de Agricultura está estimando 43-45 millones de toneladas de soja y 20-22 millones para el maíz. En un mundo incierto, la falta de oferta no siempre se compensa automáticamente a través de precios internacionales más altos, como ha ocurrido en algunas ocasiones.
El último factor de esta ecuación es la fuga de capitales, que alcanzó 21.500 millones de dólares el año pasado (cuando se había proyectado una fuga de 17.000 millones durante la mayor parte de 2011): sin duda, la razón principal detrás de todos los controles sobre el cambio y la importación en los últimos meses. Esta fuga es el reflejo directo de la falta de instrumentos financieros interesantes en el país, ya que las tasas de interés del peso están muy por detrás de la inflación, mientras que se posterga la devaluación del dólar (por más que las tasas de interés del peso convertidas rápidamente a dólares representan un negocio bastante bueno). Esta pérdida se tiene que medir contra las ganancias por las bajas tasas de interés, la negación de la inflación y un dólar estancado, pero en este aspecto la tendencia pro-bablemente no sea más favorable que para la balanza co-mercial.


















