Thursday
May 23, 2013
Tuesday, February 14, 2012

A través de un cristal azogado

Justo antes del fin de semana pasado, el INDEC deslizó el anuncio de una tasa de inflación oficial para enero del 0,9% (a diferencia del 1,9% estimado por fuentes privadas y revelado dos días antes a través del Congreso para evitar represalias) — una manera solapada de marcar el 5º aniversario de la intervención gubernamental en la recopilación de los datos estatales. Tan crucial como es el índice inflacionario para múltiples aspectos de la vida cotidiana (sin hablar de las negociaciones por paritarias en un momento en que se acerca esa época del año), no es el objetivo de este editorial transitar ese camino tan conocido, sino el de analizar el estado general de las estadísticas. En este sentido, si buscamos la cifra más básica para cualquier economía, la del PBI, es sorprendentemente difícil de hallar una cifra confiable. Mientras que la mayoría de los observadores extranjeros parecen aceptar una cifra apro-ximada de 450.000 millones de dólares, el World Factbook (Libro Mundial de Datos) del gobierno de Estados Unidos establece un ingreso per cápita de 14.700 dólares, el cual arroja un total de casi 615.000 millones de dólares cuando se multiplica por los 41,8 millones de argentinos estimados el año pasado. A la vez, el salario promedio en la Argentina está fijado en 3.091 pesos —709 dólares, u 8.508 por año— cuando se supone que cada hombre, mujer y niño está ganando 14.700 dólares. Aun cuando se acepten discrepancias entre los cálculos simples en dólares y las paridades del poder adquisitivo, hay algo que no está bien.

Aunque las estadísticas del INDEC fueron cuestionadas casi tan pronto como fueron alteradas, los críticos tardaron mucho más en señalar la distorsión de las cifras anuales de crecimiento a partir de la forma en que una inflación subestimada permitía que gran parte del crecimiento nominal se presentara como crecimiento real (quizás porque los acreedores, a pesar de haber sufrido pérdidas importantes con los bonos de deuda ajustados por la inflación, fueron favorecidos por los bonos ajustados al crecimiento). Pero este aspecto está empezando a aparecer entre las preguntas planteadas por los organismos monetarios internacionales: las tasas de crecimiento del 8 ó 9% en la última década se convierten en 6 ó 7 cuando se usan las cifras privadas sobre la inflación. La estropeada credibilidad del INDEC tiñe cada cifra; por ende, cuando anuncia una tasa de desempleo del 6,7%, hay un escepticismo generalizado sólo por el hecho de que se trata del INDEC, a pesar de que prácticamente todos los expertos estimen el desempleo por debajo del 10%, y a pesar de que la protección del empleo sea reconocida como un logro destacado de ambas presidencias Kirchner (aun por aquellos que también señalarían el estancamiento de la productividad, el aislamiento de la economía global y la creación de casi un millón de puestos de trabajo en el sector público).

No es sólo el debate económico lo que falta en la Argentina, sino también la materia prima necesaria para un debate de este tipo.

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