Tuesday
December 12, 2017
Friday, July 28, 2017

Doble déficit

La mayoría de los análisis que buscan definir la política económica del gobierno de Mauricio Macri suelen señalar el contraste entre el gradualismo fiscal y el monetarismo estricto, una distinción que no sólo es esencialmente válida sino que también destaca por la negativa al Banco Central dentro del equipo económico de Macri. El terco abordaje del presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, quien insiste en subir las tasas de interés para dominar la inflación, podrá ser cuestionado en tanto mejor remedio para una economía estancada, pero al menos el mundo exterior entiende mucho mejor qué desea lograr con su coherencia ortodoxa de lo que podrá entender el rumbo de otros funcionarios (en este sentido, luego de medio año en el puesto, las presentaciones oficiales del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, aún carecen de la cohesión y la convicción de sus análisis periodísticos anteriores). Sin embargo, el contraste entre esta ortodoxia rotunda y un gradualismo confuso también puede ser exagerado. Los medios suelen concentrarse en el déficit fiscal inusualmente alto que el gobierno de Macri aún no ha demostrado poder dominar, pero la mayoría de los observadores ignora que las políticas del Banco Central han llevado a la acumulación de un importante déficit cuasifiscal.

Si bien un Banco Central rojo fue parte de la herencia kirchnerista, las cifras negativas de los activos netos han pegado un salto en los últimos 18 meses. Esto no es evidente, ya que al Central le gusta jactarse de que sus reservas se han casi duplicado desde la suma de 25.000 millones de dólares en el momento de la asunción de Macri, a fines del 2015, hasta los 48.000 millones de hoy (tras haber superado los 51.000 millones durante este año). Dado que la base monetaria es de cerca de 50.000 millones de dólares, el saldo parece saludable. Pero estos dólares fueron comprados al precio de imprimir pesos que superan con creces la demanda local, para luego “esterilizarlos” mediante las Lebac u otros bonos con altas tasas, llevando al Banco Central a duplicar su deuda desde unos 28.000 millones a más de 58.000 millones de dólares. Estos factores no sólo aportan al déficit cuasifiscal sino que también son cualitativamente malos para la economía, ya que desplazan al sector privado del mercado de crédito. El gobierno kirchnerista era conocido por financiar su déficit fiscal mediante el agotamiento de fondos del Central para evitar la deuda (lo cual, dado el default, no era una opción), pero las políticas de Sturzenegger no parecen hacer nada para mejorar la solvencia.

Este mes, las fluctuaciones de un dólar volátil (que comenzó la última semana de junio en 16,50 pesos) han acaparado la atención, pero lo que es tal vez más alarmante en el largo plazo es el hecho de que la financiación por déficit provenga tanto de los ortodoxos como de los gradualistas.

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