Tuesday
March 28, 2017
Friday, December 30, 2016

Se va un año...

Sean cuales fueran las opiniones sobre el año político que termina mañana, todas tienen un común denominador: fue el primer año pleno del gobierno de Mauricio Macri. Pero a pesar de ser un año bisiesto de 366 días, Macri quizás implementó menos de su programa en 2016 que en las últimas tres semanas del 2015, apenas asumió el cargo. En cuanto cumplió su obsesión de terminar con el default a mediados de abril, Macri parecía carecer de una misión específica. Tal vez esperaba que lo rescatara el capital internacional que en los papeles se entusiasmaría por el fin del default, en el famoso “segundo semestre”. Desde entonces, su gobierno adoptó un estilo improvisado; en este sentido, fueron paradigmáticas las idas y vueltas de los tarifazos durante un invierno inusualmente frío.

A principios de año, se predijo ampliamente que un Ejecutivo promercado, con minorías de un tercio o menos en ambas cámaras del Congreso, podría ser exitoso en lo económico pero estaría políticamente condicionado. La realidad demostró casi lo contrario. El Congreso hostil terminó siendo un tigre de papel. Sólo así un proyecto de ley tan aparentemente odioso como el que les permitió a los fondos buitre recaudar unos 10.000 millones de dólares pudo ser aprobado por un margen de 165-87 en la Cámara baja, mientras que Macri (autor de 130 vetos durante su mandato como jefe de Gobierno porteño) utilizó pocas veces el veto presidencial este año. Sin embargo, la actuación económica de su gobierno fue un fracaso rotundo; hasta el punto de que el ministro de Finanzas Alfonso Prat-Gay, quien estuvo a cargo de la economía durante casi todo 2016, fue removido al finalizar el año. De alguna manera, el numeroso equipo económico de Macri se las arregló para fracasar en toda la línea con cifras negativas que debían haber sido mutuamente excluyentes; recesión, inflación por encima del 40 por ciento, un creciente déficit fiscal, etcétera. Un gobierno que podría ser percibido como impulsor de un aluvión de productos importados en un año en el que las importaciones efectivamente decayeron.

Si bien la política y la economía no son todo en la vida, los demás aspectos también decepcionaron. La decisión de Macri de poner fin al aislamiento fue vista como su principal virtud (no sin razón), pero le costó mantenerse a la par de un mundo cambiante; en este sentido, las visitas al país de líderes del G7 como Matteo Renzi, François Hollande y Barack Obama en meses sucesivos fueron vistas como un triunfo el verano pasado, pero los tres han perdido poder o se hallan a punto de dejar el gobierno a esta altura del año. La apertura hacia el mundo tuvo como contraste un enfoque ideologizado en América Latina, plegándose a gobiernos de dudosa legitimidad como el de Brasil. El país volvió a tener una presa política (Milagro Sala); la educación nunca superó los paros docentes; el país volvió a tener una presa política (Milagro Sala); la investigación científica padeció recortes severos cuando debió haber estado a la vanguardia; la Corte Suprema fue plenamente restaurada pero el sistema judicial sigue siendo tan disfuncional como siempre (el espacio disponible nos impide completar la lista). Más allá de destacar la primera Copa Davis o las medallas de oro en los Juegos Olímpicos, lo mejor del 2016 tal vez sea que se esté terminando.

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