Saturday
October 25, 2014
Friday, August 29, 2014

La deuda y nada más que la deuda

Con el telón de fondo de una brecha del 71% entre los tipos de cambio oficial y paralelo, el largo debate de la comisión plenaria del jueves en el Senado para repatriar el pago de los bonos de la deuda externa agregó poco a lo que ya había sido dicho por cada lado, salvo tal vez para confirmar la irrelevancia creciente de la cláusula RUFO (“derechos sobre ofertas futuras”), ya que el ministro de Economía, Axel Kicillof, descartó la posibilidad de cualquier negociación con holdouts litigantes aún después de que aquella disposición, que establece un antecedente peligroso para todos los demás acreedores, venza a fin de año. Si hubo un denominador común en las explicaciones maratónicas de Kicillof, fue el de adoptar un abordaje integral. Si habría negociaciones con los holdouts, debería ser con todos ellos, no sólo con la minoría de los fondos buitre litigantes, a los que se debería ofrecer las mismas condiciones que a los demás acreedores. Mientras tanto, el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini, subrayó que el objetivo final es el de colocar bajo jurisdicción argentina toda la deuda externa, aclarando que el proyecto de ley para ofrecerles localmente a los bonistas el pago que les fue negado por el impasse judicial en Nueva York genera una nueva opción voluntaria y no impone una jurisdicción nueva.

Mientras tanto, del otro lado de la Cámara Alta, sigue habiendo un default de alternativas de la oposición mientras que la intervención del presidente del default de 2001, Adolfo Rodríguez Saá (actualmente senador de San Luis), fue pura hipocresía. Muchos políticos opositores parecen pensar que los más de mil millones de dólares en juego en el tribunal del juez de Manhattan Thomas Griesa son sólo una gota en el océano de los mercados globales (especialmente en los últimos años de liquidez), que podrían ser destrabados con esa concesión, pero pocos se atreven a pensarlo en voz alta. La idea de pagar el total demandado por los fondos buitre es electoralmente repugnante y financieramente peligroso. De hecho, el jefe del bloque opositor en el Senado Gerardo Morales (Radical-Jujuy) hasta apoyó la condena de Griesa y los fondos buitre por parte de Kicillof, a la vez que criticó su estrategia. Por ende, la línea opositora generalmente consistió en lavarse las manos con esta premisa: un gobierno ultrapresidencial y centralizado tiene poderes más que suficientes para arreglar sus propios problemas sin involucrar a otros partidos. Sin embargo, esta actitud evasiva no es completamente válida. Más allá de todas las obligaciones contractuales específicas que el gobierno no puede cambiar unilateralmente, una ley del Congreso confiere mucha más legitimidad que un decreto, que siempre podrá ser atribuido a un arbitrio presidencial.

El proyecto de ley siguió avanzando sin obstáculos en el Congreso, pero también existen otros frentes tales como el tribunal de Griesa, los mercados de cambio, el paro general de ayer y el mundo en general.

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