Un quemo
El asunto candente hacia el final de la semana parecía ser el mal gusto del ministro de Justicia Julio Alak en elegir la Escuela de Mecánica de la Armada (un campo de concentración durante la dictadura militar de 1976-83 y ahora un museo de la memoria dedicado a aquella época oscura) como lugar para un asado masivo para festejar el fin del 2012, pero quizás sean más perjudiciales en el plano institucional las renovadas amenazas de la líder de las Madres de Plaza de Mayo Hebe de Bonafini de entrar a la sede de la Corte Suprema (una idea planteada por primera vez 27 meses atrás); ambas noticias llevan a que uno se pregunte si los líderes de los derechos humanos tienen claras las prioridades de su causa. Es sin duda tremendamente irónico ver figuras tan destacadas de los derechos humanos como Bonafini y Estela Barnes de Carlotto de las Abuelas, o el dirigente piquetero Luis D’Elía, deshacerse en excusas para defender a Alak.
Si estos defensores de los derechos humanos pudieran limitarse a su agenda, quizás verían que el año 2012 tan notoriamente celebrado con el asado de Alak de hecho fue testigo de un progreso importante en las pertinentes causas judiciales, a pesar de la escasa atención mediática que recibieron; se promovieron tanto la velocidad como el alcance de las mismas al unificarlas por delitos de lesa humanidad similares en una especie de “demanda colectiva” en lugar de las causas individuales anteriores con casi 400 acusados y 86 condenas. Este progreso es consecuencia directa de la alta prioridad asignada a los derechos humanos por el matrimonio presidencial de los Kirchner desde el 2004, pero a juzgar por los rodeos de Bonafini y Carlotto para excusar a Alak, parece que muchos defensores de los derechos humanos han caído en la confusión de convertir la defensa del gobierno que posibilitó estos avances en un fin en sí mismo en vez de un medio hacia sus propios fines originales. Bonafini en particular parece haber perdido el rumbo; su arranque inicial contra la Corte Suprema en 2010 fue seguido de un 2011 cada vez más envuelto en el escándalo de las viviendas sociales bajo el proyecto “Sueños Compartidos‘”(cuando gran parte de los 765 millones de pesos confiados a la Asociación Madres de Plaza de Mayo fue malversada), lo que llevó a su virtual ostracismo a lo largo del 2012. Ahora parece haber decidido empezar el 2013 con un enfoque nuevo (y también viejo), amenazando con reavivar su pelea con la Corte Suprema si no falla favorablemente con respecto a la Ley de Medios, pero ¿qué tiene que ver cualquiera de sus obsesiones de los últimos tres años con los derechos humanos?
Sin duda, al menos en la esfera de los derechos humanos, el funcionamiento satisfactorio de la justicia en el 2012 mereció más que el asado de Alak o las tendencias destructivas de Bonafini.


















