8N
El horario de cierre de esta edición excluye cualquier análisis posterior del cacerolazo de anoche, pero en muchos sentidos no importa; durante la tarde anterior (el miércoles), ya estaban sonando prematuramente las cacerolas en protesta por los apagones y el caos de tránsito durante la hora pico (agravado por la acumulación de basura en los últimos días). El muy anticipado cacerolazo del “8N” realizado anoche nunca tuvo, por ende, la espontaneidad de su predecesor del 13 de septiembre, y aún menos después de la noche del miércoles; la pregunta es si podrá mejorar la falta de liderazgo y mensajes claros que caracterizaron aquel evento.
En otra dimensión, la falta de balance posterior sobre el cacerolazo de anoche no importa tanto, ya que aquel evento siempre apuntó al futuro inmediato en lugar del pasado o el presente. Varios voceros del gobierno pasaron gran parte de esta semana minimizando la protesta por adelantado como un complot de la ultraderecha, pero quizás se hayan equivocado al suponer que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner fuera el blanco principal de anoche; a los ojos de muchos ciudadanos disconformes, la campaña por un tercer mandato de CFK (un peligro mucho mayor antes del 13 de septiembre que desde aquel entonces) ya está retrocediendo, por lo cual la presión recae ahora en la oposición para producir la próxima alternativa. No es que las frustraciones detrás de la protesta de septiembre pasado sean menos reales ahora; ni la inflación, ni la inseguridad, ni la corrupción, ni las tendencias autoritarias que supuestamente alcanzarán un pico con la coronación de las Ley de Medios el “7D” (por más que CFK haya declarado el martes pasado que la protesta apuntaba contra las políticas de derechos humanos de su gobierno y sus avances contra la pobreza). Irónicamente, una protesta supuestamente planificada por grupos mediáticos contra el gobierno ha sido esencialmente organizada por las redes sociales que podrían representar el ocaso de la prensa tradicional.
Las expectativas que precedieron el cacerolazo de anoche difícilmente podrían ser mayores, y no sería fácil superar el “S13”; una pregunta clave es si los apagones del miércoles y el caos vehicular alimentarán la furia, o si de hecho terminarán acaparando la atención (si es que aquellos apagones fueron realmente un sabotaje deliberado con el fin de provocar a la gente a golpear cacerolas, tal como se denuncia desde algunos círculos oficialistas, entonces sin duda el día de ayer habría sido un momento más oportuno). Pero más allá de lo que haya pasado anoche, la tarde anterior ya había demostrado que la protesta quizás no adopte necesariamente la forma relativamente cómoda del ritual del cacerolazo cada dos meses; si la espontaneidad es la clave, quizás deberíamos estar hablando del “7N” más que del “8N” o el “7D”.


















