¿Legal o ético?
La complejidad judicial del problema de la legalización del aborto que ha surgido tan abruptamente en esta ciudad ya es grave (¿cómo puede un simple juez desautorizar a la Corte Suprema, por ejemplo?) sin entrar en los aspectos éticos realmente difíciles; un delicado equilibrio plenamente reflejado en el voto 30-29 a favor de la ley aprobada por la Legislatura porteña una quincena atrás. Esta ley le permitía a cualquier mujer víctima de una violación o abuso sexual poner fin a su embarazo (con el consentimiento de los padres si fuera menor de 14 años) sin tener que denunciar el caso ante la policía; una ley rápidamente vetada por el jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri, quien entendía que excedía la exención de autorización judicial dispuesta por la Corte Suprema para estos casos. A pesar de que el Gobierno porteño entendía en un caso que se estaba respetando el criterio de la Corte Suprema, no sirvió para evitar las idas y venidas legales, con la intervención de un juez instando a la Corte Suprema a denegar la orden y dictar que el Gobierno porteño siguiera adelante.
El conflicto entre las posiciones “pro vida” y a favor de la posibilidad de elegir (aunque tal vez no sea la expresión más apta en el caso de los embarazos involuntarios) no es menos complejo. La postura a favor del aborto ya es clara; que ningún tribunal o gobierno tiene el derecho a agregar el daño de la carnicería clandestina al insulto de un embarazo bajo circunstancias tan vergonzosas. Sin embargo, si se minimiza el rigor necesario para determinar que existió una violación, etc., se podría abrir la puerta a la posibilidad de abortos indiscriminados, alentando a aquellos que piensan que el fin justifica los medios cuando se trata de distorsionar la verdad. Los antiabortistas insistirían en el valor absoluto de la vida humana y argumentarían que, en este caso, dos cosas que están mal no hacen una bien (aún cuando una de las cosas que están mal es la trata de blancas como la raíz de la causa porteña que se halla en el centro de la controversia legal). Aquellos que desean la legalización del aborto a menudo retratan estos argumentos como posturas retrógradas que se oponen a una mentalidad progresista y a la ciencia moderna; pero la ciencia moderna, por su parte, no se ubica tan claramente de un lado del debate; gracias a las ecografías y otras tecnologías modernas, podemos ver el comienzo de la vida en el momento de la concepción, ya no se trata más de una creencia.
No es de extrañar que el aborto haya sido explícitamente excluido de las reformas en curso a los códigos Civil y Comercial, requiriendo leyes específicas a nivel nacional. Sin embargo, todo el debate va mucho más allá de un embrollo legal; implica profundos problemas éticos que son aún más complejos, y a la vez extremadamente sencillos.


















