¿Plaza real o color de Rosa(da)?
El discurso presidencial contra un blanco elegido parecería ser una guía menos confiable que nunca de las noticias reales: el ataque de la presidente Cristina Fernández de Kirchner contra un “monopolio” mediático en particular no refleja ni la agenda verdadera de su gobierno ni la de la oposición, ni en términos generales ni mediáticos. Mientras hablaba, el Congreso estaba ocupado en hacer aprobar un presupuesto 2013 que sirve para confirmar la mayoría de lo negado retóricamente, como la inflación, las restricciones monetarias y de las importaciones, etc., sin hablar de un esquema distorsionado de coparti-cipación federal que les otorga a las provincias apenas la cuarta parte de los fondos: la raíz de la crisis que estalló en torno a los créditos de las provincias esta semana. El mismo día en que CFK hostigaba a ciertos medios, la Plaza de Mayo fue el escenario de la mayor protesta contra el gobierno montada por la “columna vertebral” del peronismo, protagonizada por las alas de las centrales sindicales CGT y CTA lideradas por Hugo Moyano y Pablo Micheli, respectivamente. Es cierto que la otra ala de la CGT se había reunido con CFK el día anterior, pero se alinearon tan dócilmente con el gobierno que parecen demasiado invertebrados para llamarse “columna vertebral” del movimiento, planteando así el dilema de un gobierno peronista sin una base sindical sólida.
Pero aun si aceptáramos que los medios serían el principal campo de batalla en vez de la realidad socioeconómica, es puro voluntarismo pensar que todas las críticas (y mucho menos los problemas) terminarían con la aplicación plena de la Ley de Medios el “7D” (¿o será el “10D”?). El material antioficialista que circula en los blogs y otros medios tecnológicos modernos suele ser mucho más despiadado que lo que se puede publicar en un diario, y los recursos como Radio Colonia están muy lejos de ser hoy la única alternativa a una prensa libre.
Sin embargo, huir de la realidad no es la única opción: como CFK no tiene derecho a calificar toda crítica de injusta, tampoco ella debería ser percibida automáticamente como equivocada. Su experimento audaz de encabezar la primera presidencia peronista que aspira a gobernar sin ser rehén de los sindicatos merece al menos cierta simpatía de la sociedad en general: buena parte de lo que proponen Moyano y Micheli destrozaría la productividad de la economía tanto como algunas de las medidas más extravagantes del gobierno en el último año. ¿Existe margen para que CFK y la sociedad se den una oportunidad ante este desafío, en lugar de seguir negando los problemas crecientes?


















