Amigos sin beneficios
Sin que la presidente Cristina Fernández de Kirchner conceda reconocimiento alguno a los cacerolazos del 13 de septiembre, se pueden notar ciertos cambios de estilo, aunque no de sustancia, en la CFK que ha resurgido a partir de entonces: parece estar decidida a seguir haciendo lo mismo, aunque de una manera más amable para contrarrestar una popularidad declinante, y su relación con el Gobierno porteño de Mauricio Macri es un ejemplo de ello, a juzgar por el discurso del miércoles pasado. En aquella ocasión sorprendió a todos con lo que parecía ser un gesto de acercamiento al invitar a Macri a “bajar un cambio (en el conflicto)” y sentarse a definir un acuerdo sobre los terrenos fiscales ociosos de la Ciudad con el fin de contar con más lotes para la construcción de viviendas bajo el nuevo programa del gobierno nacional, ProCreAr (heredero del desdichado programa plagado de escándalos, “Sueños Compartidos”). Ese día CFK silenció los abucheos que entre su audiencia cautiva provocó la mera mención del nombre del jefe de Gobierno porteño.
Sin embargo, el acercamiento es más aparente que real, y quizás ni siquiera sea aparente. La propuesta de diálogo puede interpretarse no sólo como un gesto amistoso, sino también como una forma de presión sobre Macri para que haga una concesión más en un frente nuevo (los terrenos fiscales), envuelta en términos muy parecidos a la clásica “oferta que no puede rechazar.” Si bien CFK le pidió a Macri bajar un cambio en el conflicto, esta invitación llegó apenas una semana después de que ella hubiese subido varios cambios al imponer en el Congreso la agresiva ley para quitarle los depósitos judiciales al Banco Ciudad (por más que ese banco municipal desempeñe un rol clave en el financiamiento de viviendas que el gobierno nacional ahora está ansioso por promover). Y si ambas partes se sientan a discutir el uso de los terrenos ociosos para la construcción de viviendas, ¿CFK aceptaría que en el temario se incluya también problemas más complicados y aún más urgentes como la red de subtes que pronto podría colapsar en medio del limbo jurisdiccional actual en el cual ni el gobierno porteño ni el nacional se hacen cargo? Macri tampoco está especialmente dispuesto a aceptar gestos de conciliación por parte de un gobierno nacional que permite el avance inexorable hacia un juicio en las demandas presentadas contra él por escuchas ilegales, mientras que bloquea las causas contra sus propios funcionarios.
La tensión y la desconfianza entre los equipos de CFK y Macri sólo resultan agravadas por la necesidad post-cacerolazo de ser menos confrontativos: la experiencia de las presidencias kirchneristas hasta ahora sugiere que cada vez que se extiende una mano en gesto de amistad, la otra parte debe empezar a preguntarse cuál arma se oculta en la otra.


















