¿Nuevas fronteras?
La ministra de Seguridad Nilda Garré volvió a ocupar contundentemente el centro de la escena después de dejar a su viceministro Sergio Berni en el primer plano durante semanas; con cargos explosivos de corrupción contra la Policía Federal y un llamado a que los ciudadanos actuaran como “guardianes de los guardianes” (según la expresión de Platón). Nadie ha dudado ni por un momento que la policía de la Argentina ha sido durante mucho tiempo tanto el problema como la solución del flagelo de la inseguridad en el país, y Garré ha señalado un problema absolutamente válido, pero ¿se puede descartar que sea motivada por una agenda política? ¿Se estarán explotando las fallas innegables de la Policía Federal para poder dar protagonismo a la Gendarmería de Berni? ¿Acaso la cura no será peor que la enfermedad? Al aplicar mano dura contra la Policía Federal y sus presuntos chantajes y complicidad con el crimen organizado, a la vez que es reemplazada por la Gendarmería cuya tarea debería ser la de vigilar las fronteras contra los traficantes de drogas, ¿el ministerio de Seguridad no estará debilitando las defensas (sea en forma involuntaria o deliberada) contra la plaga más peligrosa de todas? Más allá de las intenciones, no parece pasar siquiera una semana sin que haya una medida nueva para desplazar a la Gendarmería desde sus puestos en las fronteras a esta metrópolis (el último ejemplo es la vigilancia en los ferrocarriles bonaerenses desde el viernes pasado).
El llamado de Garré al control cívico de las fuerzas de seguridad (el cual probablemente sea sincero) es irónico, ya que viene después de una militarización creciente de la Gendarmería bajo el mando de Berni, un teniente coronel con licencia. Desde el primer día de las presidencias kirchneristas en 2003 hasta muy recientemente, los piqueteros oficialistas han sido las fuerzas de choque del Frente para la Victoria, pero ahora parece ser Berni el nuevo amo de las calles; ¿los piqueteros estarán erradicados de los círculos presidenciales, al igual que los sindicalistas, como intrusos poco elegantes? Hay al menos tres interpretaciones de lo que está ocurriendo en el ministerio de Seguridad la oficial (que existe una división racional de trabajo con Garré como jefa burocrática y Berni como el principal hombre de acción), que hay una lucha de poder entre Garré y Berni dentro del Ministerio, y que no hay batalla alguna, dado que Garré ha desaparecido de la escena pero Berni siempre es la cara pública, más allá de la inusual aparición pública de Garré el martes pasado.
En las palabras de Deng Xiaoping, no importa si el gato es blanco o negro mientras atrape a los ratones; el ministerio de Seguridad podrá hacer y decir lo que quiera mientras luche contra el crimen con éxito (en términos reales, no a través de estadísticas sospechosas) y mientras las palabras loables de Garré para involucrar al público en general no sean un preludio al abandono de la responsibilidad por la seguridad sobre los hombros de una desventurada sociedad.


















