Tuesday
May 21, 2013
Tuesday, September 4, 2012

Agenda oculta

Gran parte del debate sobre la reforma constitucional (por ahora una discusión preventiva de la oposición, quizás como camino fácil hacia la unidad, en lugar de ser una iniciativa oficial) se concentra en las similitudes entre las supuestas ambiciones para un tercer mandato de la presidente Cristina Fernández de Kirchner y su predecesor peronista Carlos Menem en 1989-99, pero quizás el verdadero relato esté en los diferentes contextos de ambos períodos. Para muchos seguidores de CFK, la esencia de la actual Constitución radica mucho más en su reforma “neoliberal” de 1994 que en sus orígenes (también liberales) de 1853-60: un período privatizador en el que la economía de mercado fue vista, más que en cualquier otra época, como la gemela natural de la democracia (muchos acólitos de CFK sentirían la misma repugnancia por la versión reformada de 1994 que la de los recientes gobiernos centroizquierdistas de Chile hacia la constitución legada por Augusto Pinochet). Cuando comenzó la era presidencial de los Kirch-ner en 2003, empezaron a explorar sutilmente los límites del gobierno constitucional: constataron en muchas ocasiones que no se les oponía resistencia, avanzaron hacia una etapa en donde pudieron hacer lo que querían sin tener en cuenta a la Constitución (a pesar de ser advertidos desde la Corte Suprema), pero ahora se acercan a un estadio en el que quisieran abolir esta discordancia entre la teoría y la práctica. Una reforma constitucional impulsada hoy por el mismo partido sería el opuesto completo de 1994: remover todas las restricciones contra los presidentes electos para imponer la voluntad popular y controlar la economía a su discreción sin las trabas del “fetichismo institucional” (quizás con ingredientes tan exóticos como un modelo “de pueblo originario” para los derechos de propiedad).

Una razón para hablar tanto sobre un tercer mandato de CFK es que es uno de los pocos puntos del plan de “ir por todo” que no puede lograrse sin cambiar la Constitución: con su mayoría actual en el Congreso (además de los compañeros de ruta de la oposición), el gobierno de CFK tiene todas las posibilidades de convertir a la Argentina en una Venezuela o una Bolivia con la bendición de al menos dos de los tres poderes del Estado (una nueva versión de la clásica mayoría de dos tercios). Esto lleva a muchos a sospechar que el tercer mandato sería el único propósito real de la reforma constitucional, dado que las reformas más radicales puedan ser (y son) sancionadas y decretadas de todos modos. La verdadera comprobación de esta sospecha estaría en si se avanza con la reforma constitucional aun si se retirara la propuesta de un tercer mandato de CFK por razones tácticas.

Si así fuera, quedaría claro que la centralización del poder estatal es un tema al menos tan importante como el del eterno poder persona-lizado.

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