Salario mínimo, fricción no tanto
Pocos temas editoriales parecen prestarse más a un bostezo gigante que la sesión del Consejo del Salario Mínimo que aumentó el sueldo mínimo de 2.300 a 2.875 pesos paulatinamente hasta febrero. Sin embargo, el proceso también reflejó algunas de las fisuras principales en el sindicalismo en particular y en la sociedad en general. Este aumento del 25% había sido previsto casi universalmente, existía un consenso total entre los participantes del Consejo que asistieron y la cifra sólo afecta a unos 113.000 trabajadores en forma directa aunque sigue estableciendo un punto de referencia para la negociación de pari-tarias en su conjunto; la cifra final de 2.875 pesos anunciada (y aparentemente definida) por la presidente Cristina Fernández de Kirchner se acer-có lo más posible a la demanda mínima propuesta por los sindicatos, 2.900 pesos, sin llegar a alcanzarla (una propuesta de negociación inicial de 2.600 pesos por parte del empresariado cedió rápidamente a la resignación). Sin embargo, vale la pena destacar la inversión de las alianzas sindicales entre los dos Hugos (Moyano de la CGT se abstuvo de la sesión junto con los representantes del campo, mientras que Yasky de la CTA parecía encabezar la filas sindicales), además de la contradicción flagrante entre esta suba salarial y los aumentos de precios según las mediciones del INDEC.
Irónicamente, la ausencia de Moyano quizás haya impuesto un consenso más total que aquel que compartía el Consejo por el aumento salarial, ya que le convenía a todos. Tanto CFK como Yasky le reprocharon a Moyano el abandono de sus responsabilidades, cuando ellos siempre habían cumplido con su deber como representantes, aun cuando perdían. Por su parte, Moyano es libre para distanciarse completamente del nuevo mínimo salarial y exigir su propio mínimo de 3.500 pesos, superando así a los sindicalistas oficialistas en la militancia salarial; el líder anti-oficialista de la CTA Pablo Micheli (aún más opositor luego de que se le negara la aparente victoria en las elecciones de la CTA en 2010), ha ido más lejos con un mínimo de 5.000. El gobierno parece disfrutar del vacío actual en la dirigencia sindical, donde Moyano ya no es reconocido como el secretario general de la CGT mientras que sus rivales tendrán que esperar hasta el 3 de octubre, pero un panorama sindical fragmentado no es necesariamente el mejor escenario para la desarticulación socioeconómica de la estanflación que pronto podría obligar a los sindicalistas oficialistas a competir con Moyano y Micheli (tal como ya sucedió con el jefe de la UOM, Antonio Caló).
Aun así, la Argentina sigue gozando del salario mínimo más alto de Latinomérica, lo cual podría ser un arma de doble filo en el mundo tan competitivo de hoy.


















