Saturday
May 25, 2013
Tuesday, August 28, 2012

¿Iluminado?

Este mes, la figura del viceministro de Economía Axel Kicillof emergió tanto como un Dr. Jekyll como un Sr. Hyde, aunque una misma criatura de la planificación estatal esté detrás de ambas caras. A diferencia del clásico de R. L. Stevenson, el Sr. Hyde se mostró primero: a principios de mes, Kicillof pisoteó la prometedora industria de los biocombustibles al infligirle el peor desfasaje entre precios y costos cuando recortó el precio en un 15%, a la vez que dispuso un aumento a las retenciones a la exportación del 20 al 32%. Sin embargo, quince días después, a fines de la semana pasada, Kicillof difícilmente podría haber sido más benévolo y magnánimo con el sector eléctrico al proponer un esquema de precios que cubriría sus costos a la vez que aseguraría un margen razonable de ganancias. La simple palabra “ganancias” fue un alivio para las empresas de electricidad prácticamente en bancarrota, luego de haber sufrido durante mucho tiempo las pérdidas subsidiadas por los precios populistas, mientras que Kicillof insistió en que cualquier desfasaje entre precios y costos similar al que perjudica a la industria de los combustibles sería ‘”problema mío.”

Sin embargo, las dos caras convergen en una: no sólo por las premisas subyacentes de un Gosplan, sino porque en términos puramente tácticos, ambos sectores confluyen. ¿Cuál sería el sentido de controlar todo el sector de los combustibles (con una YPF recientemente nacionalizada tornando cada vez más superflua la petrolera estatal Enarsa en lo que respecta a la importación de combustibles) sin controlar también los servicios de energía eléctrica que constituyen los principales consumidores de estos combustibles? Pero el esquema de Kicillof enfrenta problemas tanto conceptuales como prácticos. En primer lugar, ¿cómo se puede garantizar una ganancia “razonable” y sin riesgos en el marco de un mercado competitivo? Como el capitalismo es incapaz de ofrecer estas garantías, la Unión Soviética estaría prosperando y los chinos estarían prefiriendo el maoísmo en lugar de su rumbo capitalista actual si el riesgo pudiera ser abolido con una decisión burocrática. A pesar del entusiasmo inicial por las garantías de Kicillof, ¿qué garantía tienen las partes involucradas en este acuerdo de que el otro jugará limpio? El joven economista tendrá que estar muy atento a los datos que recibe de las empresas eléctricas si piensa evitar que los notorios abusos de los subsidios al transporte se extendieran a ese sector, mientras que las empresas eléctricas tendrán que contar con estadísticas de inflación un tanto más creíbles que aquellas ofrecidas por el INDEC, si es que desean calcular correctamente sus costos. Y más allá del problema de los precios (mientras se piensa en un tercer mandato de Cristina Fernández de Kirchner), el plan de Kicillof no especifica la fuente de la inversión (un problema que sigue pendiente para YPF).

¿Será que la planificación estatal es más el problema que la solución?

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