Subterráneo volado III
¿No sería cómodo imaginar que este paro de subtes habría sido una gran excusa para quedarse en casa y mirar las Olimpíadas de Londres, con la restauración del transporte subterráneo en cuanto termine la presuntamente espléndida ceremonia de cierre de hoy? Desgraciadamente, no es tan sencillo cuando las luchas internas atraviesan lo que es mucho más que una disputa salarial. El impasse podría ser resuelto fácilmente por cualquiera que tenga como máxima prioridad poner fin a la desgracia de alrededor de un millón de usuarios. En este sentido, el acuerdo propuesto por el gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota (que el gobierno nacional haga todas las inversiones aún pendientes y que el subte sea entonces la responsabilidad irrevocable del Gobierno porteño) es una idea tan buena como cualquier otra; si asumir un bien suele implicar pagar una suma acordada (por más que esté por verse en el caso de la compañía petrolera YPF), entonces asumir un costo (tal como lo es, sin duda, el subte en su estructura actual) tendría que justificar del mismo modo un pago compensatorio.
El gran problema de este paro es que resulta ser demasiado funcional para los fines de un gobierno nacional que mueve todos los hilos en el federalismo poco desarrollado de la Argentina. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner no es completamente insensible a todo el sufrimiento (sin hablar de los perjuicios económicos) provocado por este paro, a pesar de que la metrópolis difícilmente pueda considerarse un bastión kirchnerista, pero la política siempre viene primero; la popularidad del jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri resulta visiblemente erosionada con cada día del paro, y la posibilidad de destruir al úncio político opositor que triunfó en las elecciones del año pasado es una tentación demaisado grande para permitir compasión por los ciudadanos comunes. Los ataques anteriores de CFK contra Macri solían generar comprensión por un jefe de Gobierno visto como víctima de las ambiciones maliciosas de una presidencia obsesionada con el poder, pero esta vez, se considera que estaría enterrándose a sí mismo; al firmar el acuerdo de traspaso del subte a principios de este año (por más que el “cáncer de tiroides” de CFK en aquel entonces haya servido como chantaje emocional para que diera este paso en falso) y luego aumentar las tarifas, dio la impresión de que asumía una responsabilidad que ya no puede eludir (lo cual sólo pareció confirmarse cuando las autoridades porteñas ordenaron una conciliación obligatoria).
Sin embargo, aunque se deba responsabilizar por este paro altamente politizado a los políticos que intentan obligar al otro a implementar políticas de austeridad, no hay que excusar a los protagonistas principales; la administración del subte, Metrovías, que no puede ofrecer soluciones ni obtenerlas en otro lado, y por sobre todo, los gremialistas cruelmente indiferentes al sufrimiento del público en general.


















