Friday
May 24, 2013
Sunday, August 5, 2012

Subte: ¿quién es la víctima?

Hay un dicho africano: “Cuando dos elefantes se pelean, es el pasto el que sufre”; la negativa mutua del gobierno nacional y la municipalidad porteña a asumir la responsabilidad por el subte metropolitano perjudica al desventurado pasajero, por más que se postergue el paro de mañana a último momento (meramente una tregua, mientras que nadie acepta sentarse a discutir las paritarias con los trabajadores). Existen todos los elementos que justifican desear “una peste sobre ambas casas” frente esta impasse (una maldición que ambas partes tendrían muy merecida), si no fuera por el hecho de que esta postura moralista no hace nada por acercarnos a una solución; algo (alguien) tiene que ceder.

Nuestra opinión ponderada es que este alguien y algo debería ser el gobierno porteño de Mauricio Macri. No por eso ignoramos la mezquindad política del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner al descargar el subte tan abruptamente sobre los hombros de Macri como una papa caliente, pero el traslado se ha convertido desde entonces en una ley del Congreso además de un capricho presidencial y una táctica política contra un potencial rival en 2015. Esta ley podrá ser maliciosamente injusta, pero ¿quién dice que las demás leyes como las restricciones sobre el cambio y la importación (o la vida en general) sean justas? Macri no puede tomar y dejar las leyes de un gobierno electo que le convienen del mismo modo que no puede elegir el tribunal que lo juzgue. Además, Macri estableció un precedente contra su rechazo actual cuando aceptó inicialmente el traslado a principios de año, aumentando las tarifas del subte. Su aversión a asumir una carga de hasta 1.000 millones de pesos de manos de un gobierno nacional decidido a minar su independencia fiscal, poniéndose a la merced de sindicatos tan despiadados que tomarían de rehén al ciudadano común, es muy fácil de entender, pero tiene los fondos necesarios para cumplir con la ley: tanto un superávit presupuestario como una notoria subejecución del presupuesto en varias áreas (sin hablar de los subsidios nacionales residuales).

Macri sólo podrá adjudicarse la victoria moral de ser victimizado por un gobierno nacional inescrupuloso luego de aceptar primero una derrota política; “sin pena no hay gloria” es un dicho apropiado para el papel de víctima como también para otros aspectos de la vida. La capitulación tampoco significaría necesariamente una derrota política (el gobernador de Buenos Aires Daniel Scioli podría dar cátedra sobre cómo ganar terreno cediéndolo); si Macri es el primero en tragarse el orgullo, podría llegar a ser visto como el salvador del subte contra un gobierno nacional indiferente e interesado.

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