Crimen en Cañuelas
El asesinato de dos hermanos por un hombre armado el domingo por la noche en un supermercado de la ciudad bonaerense de Cañuelas, con una población de alrededor de 50.000 personas como distrito, es un hecho preocupante, dado que las estadísticas muestran que la criminalidad viene allí aumentando en al menos 10% anual. Las cifras efectivamente descartan cualquier argumento abstracto sobre la naturaleza de la preocupación por parte de los vecinos, quienes se movilizaron ante la Municipalidad el lunes por la noche en reclamo de justicia, por más que una de las razones por el aumento de la inseguridad podría ser simplemente que Cañuelas ahora está mejor conectada con otras localidades. La movilización del lunes fue, en proporción, importante, y, a diferencia de protestas anteriores en otras ciudades bonaerenses luego de un crimen espantoso, no fue violenta. La dimensión del problema fue evidente ya que el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, envió a su ministro de Seguridad y al jefe de la Policía bonaerense para ayudar al intendente del partido gobernante a manejar la situación, a punto de descontrolarse. El asesinato de los dos hermanos se produce en un contexto especial puesto que las noticias policiales de la semana también incluyen el de dos mujeres embarazadas que fueron baleadas supuestamente por ladrones .Uno de los hermanos asesinado había sido víctima de un robo en el pasado, y vuelven a surgir interrogantes sobre el sistema judicial de la Argentina (¿es demasiado permisivo?), ya que se especula que lo habría asesinado un ex presidiario en venganza.
Los crímenes ocurrirán, desgraciadamente, y los vecinos protestarán, aún en el mejor de los mundos. Lo preocupante es que la protesta de Cañuelas llega en un momento en el que el gobierno nacional y el gobierno de Scioli no parecen poder llegar a un acuerdo sobre una política contra la inseguridad que puedan aplicar conjuntamente. La presidente Cristina Fernández de Kirchner está cada vez más frustrada con lo que ha descrito como ineficiencia por parte de algunos gobiernos provinciales, y anunció que no se desplegará más a la Gendarmería para lidiar con las protestas. Pero si se mira más allá de esa frustración, podría verse que el gobierno nacional está más que sa-tisfecho con la oportunidad de pasarle toda la responsabilidad por el manejo de la inseguridad y las protestas subsiguientes a los gobiernos provinciales, especialmente en la provincia de Buenos Aires, donde los kirchneristas critican abiertamente las políticas de Scioli contra la inseguridad, alegando que es un fracaso su combate contra el abuso y la corrupción en la policía bonaerense.
Esperamos que tanto la nación como la provincia trabajen juntos para brindar paz a los vecinos de Cañuelas. La política partidaria no debería interferir en la lucha contra el crimen.


















