Las restricciones al dólar,
Cuando a comienzos de este año el secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno lanzó su plan para aumentar a toda costa el superávit comercial como fuente de divisas fuertes para contrarrestar las reservas declinantes del Banco Central y un presupuesto cada vez más desequilibrado (por no hablar de la fuga de capitales), parecía gozar de un éxito inicial en cuanto a su objetivo inmediato, aun a costa de arruinar la economía en su conjunto. Ahora, hasta ese logro se ha puesto en duda. Moreno restringió tan drásticamente las importaciones que por un par de meses el superávit comercial no sólo alcanzó el objetivo proyectado de 10-12.000 millones de dólares anuales, sino que, por momentos, pareció posible alcanzar hasta una cifra de 15.000 millones. Pero en los últimos dos meses, el superávit ha comenzado a achicarse, con las exportaciones bajando todavía más rápidamente que las importaciones.
Sería simplista atribuir esta reducción de las exportaciones a las represalias extranjeras por las brutales restricciones de Moreno (un proceso que aún no ha comenzado en serio, por más que España ya esté boicoteando los biocombustibles argentinos, pero que no puede ser descartado). Irónicamente, las políticas de Moreno obstaculizan las exportaciones además de las importaciones. Exigir los dólares correspondientes en el plazo de una quincena a menudo torna imposible la venta al exterior: las restricciones al dólar perjudican el prefinanciamiento de las exportaciones, mientras que muchas compañías exportadoras dependen de insumos cuya importación está bloqueada (especialmente en la anteriormente dinámica industria automotriz), mientras tantas supuestas industrias de sustitución de importaciones también son víctimas de estas políticas. En términos más generales, la inflación del dólar (el resultado de la negativa a actualizar el tipo de cambio con respecto a la inflación) les niega a muchos exportadores la oportunidad de mantener precios competitivos a nivel global, mientras que la caída de las importaciones de bienes de capital también les impide seguir siendo competitivos en términos productivos a través de la modernización. Y a la vez que Moreno modera el influjo de bienes del exterior (que normalmente sería la consecuencia natural de un dólar artificialmente bajo), suben los costos de la importación de combustible (3.500 millones de dólares en los primeros cinco meses del año y ninguna mejora inmediata a la vista desde el primer día de invierno el pasado jueves). No obstante, por más que hiera su vanidad, no depende sólo de Moreno. Para bien o para mal hay factores que están completamente fuera de su control y que tienen una influencia enorme, tales como el enfriamiento global en general (y de Brasil en particular) y la sequía en nuestro país.
El intento de monopolizar dólares hoy a través de políticas comerciales que mañana perjudicarán su suministro no es la forma de librar una batalla perdida contra la devaluación.


















